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DIFICIL COYUNTURA PARA EL SECTOR DEL AUTOMÓVIL EN CANARIAS |
Nadie, ni los más pesimistas pensaban que el mercado del automóvil se fuera a hundir como se ha hundido en el año 2008.
Cuando en 2007 se realizaron las previsiones definitivas para este ejercicio, se reconocía una importante caída, que en aquel momento se situaba en el 10 por ciento respecto a 2007. Siendo importante la cifra barajada, queda sin embargo muy lejos de la realidad que estamos viviendo en el sector en las islas ya en octubre de 2008.
La verticalidad de la caída ha sorprendido a propios y extraños. El automóvil se ha convertido en el primer bien de consumo que se ha visto más afectado por una situación de iliquidez y falta de confianza sin comparación con los países de nuestro entorno.
La situación de los concesionario, y en general de la distribución se puede complicar hasta límites insospechados en los próximos meses, dado que las previsiones para 2009 tampoco son muy halagüeñas.
El sector del automóvil ha entrado en una dinámica que debe hacer reflexionar a todos sus actores. Las políticas de remuneración a la distribución, con márgenes cada vez más escasos y con posiciones sobre penetración irreales, han podido servir en momento de expansión, pero en situaciones normales de mercado, este sistema se pone en duda.
Desde el momento en el que se retrae la demanda, se retira el velo de un imaginario que no se corresponde con la realidad. No se puede basar el negocio prácticamente en el volumen, no obteniendo beneficios directos de lo que se vende, sino entorno a lo que se vende, dado que en situaciones como las actuales, tal sistema de remuneración se revela totalmente insuficiente para mantener un negocio que tiene su talón de Aquiles en su excesivo apalancamiento.
Con unas existencias como las que maneja el sector, sobre todo en territorios como el nuestro, la maquinaria puede fallar desde que se produce el menor desequilibrio en la demanda. Se añadimos el nivel medio de las estructuras que requiere el sector y las especialidades en cuanto a su plantilla, por encima de la pyme media y altamente cualificada, obtenemos un cóctel difícil de digerir en situaciones de crisis.
Por el lado de la demanda, la restricción del crédito, hasta hace bien poco espoleado por las entidades que hoy rechazan todo, demuestra que el sector no vive sino es por el apalancamiento de nuestros clientes.
Difícil por tanto, la situación que se la plantea al sector que debería sentarse y reflexionar intentado sacar lo más positivo posible de una situación tan adversa como la presente.
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